Lo tildaron como el “Berlusconi” chileno, en alusión a la cirugía de párpados a la que se sometió hace algún tiempo. ¿Ingenioso, no? Aunque el apodo de “Jano”, un Dios mitológico con dos caras, una simpática, popular y creíble; y otra dura, que mira sus propios intereses, le cae a la perfección a Miguel Juan Sebastián Piñera.
Con el discurso “soy hijo de un modesto empleado fiscal, y de mi padre heredé la vocación por el servicio público”, el empresario encubre sus ansias de poder. Así, pretende ganar el apoyo de la clase media. ¿Qué tan real es eso? ¿Cómo forjó su fortuna avaluada en 1200 millones de dólares? Hagamos historia.
Su padre, don José Piñera Carvallo, de modesto empleado poco tenía. Ocupó puestos en embajadas y otros de alto nivel. Destacó su cargo en CORFO, como accionista de Lanera Tierra del Fuego y dueño de propiedades en el antaño barrio Matadero de Santiago.
En 1982, mientras el candidato era gerente general del Banco de Talca levantó 150 empresas de papel. Otorgó créditos por 250 millones de dólares. Creó IFINCO (Ingeniería Financiera y Comercial), empresa de asesorías externas que prestó servicios al Banco de Talca. El negocio le permitió cobrar sumas millonarias, pero no impidió la quiebra de la entidad bancaria.
En 1987, Piñera introdujo las tarjetas bancarias en el mercado chileno, una idea que, según cercanos, robó al fallecido Ricardo Claro, el mismo que le financió su viaje a Estados Unidos para que hiciera un estudio de factibilidad sobre el uso del “dinero plástico” en nuestro país. Piñera fundó BANCARD, que se transformó en la veta de su fortuna. Claro cobró su venganza con el denominado “Piñera-Gate” y la mítica radio Kioto.
En su calidad de director de LAN, conoció las utilidades a repartir (información privilegiada). Abusó de su posición, compró 18 millones de dólares, correspondientes a 3 millones de acciones de Lan, a través de una de sus empresas llamada “Inversiones Santa Cecilia. La SVS sancionó a Piñera con una multa de UF 19.470, unos 428 millones de pesos. El candidato pagó sin objeción, el dinero le sobra.
Este es el hombre que aspira a gobernar el país y tal cual “Dios Jano”, muestra su lado amable. La careta de emprendedor que “ama el servicio público”, no obstante su sesgo neoliberal y una carrera empresarial marcada por fraudes, engaños y trampas.
Este es un ladron descarado. No puede ser que emdio Chile lo quiera para presidente. Si se roba todo lo que encuentra y se sale ocn la suya, estamos cagados si sale presidente.
¡que no salgaaaaa!