La gran diferencia, la poca tolerancia

La derecha está complicada. Le pesa mucho el saber que la careta de liberal en temas como sexualidad, derechos reproductivos o minorías, no le calza. En sus reductos la tolerancia no les queda, no la digieren.

Entonces se complica. Se complica también Piñera, cuando parte o muchos de los que lo quieren en La Moneda, no pueden contra su homofobia y, sin más, siguen agarrados del moño por incluir o no a las minorías sexuales en su franja, a poco del debut del período de propaganda.

Están con urticaria, de seguro. Es común en ellos aprovecharse del tiempo de campaña para sacarle partido a ofertas electorales que en la práctica no están dispuestos a materializar; les es ajena la inclusión.

El reclamo de las minorías sexuales no es un mero “tema valórico”, es un derecho humano. Cuando la derecha habla de lo “inoportuno que es incluir a los homosexuales en su franja electoral”, como se oyó estos días en calle Suecia (UDI) y avenida Antonio Varas (RN), no hace más que demostrar su incapacidad de tolerar lo distinto.

Eso no se resuelve con una fugaz aparición en una franja electoral, pues eso sería como vestirse de lonko para parecer que se está con el pueblo Mapuche. ¿O no, señor Piñera?

Rubén Blades refleja muy bien este entuerto que saca canas en los presuntos actores del cambio: “entre el bautizo y el entierro cada cual hace un camino, y con sus decisiones, un destino”. Y algo más importante aún: “una cosa es ser varón y otra es ser hombre”.

En diciembre habrá mesas de varones, pero allí votan los hombres, los verdaderos hombres, aquellos que distinguen esa gran diferencia ante la cual la derecha es ciega, muy ciega.

¡Qué lo tengan presente!

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