Cuando le hablan de información privilegiada, se hace el loco. Le suena el teléfono y comienza a preocuparse. Puede ser que la Evelyn le esté devolviendo la mano por lo de la Kioto, y ahora es ella quien le pincha el teléfono para grabar sus instrucciones telefónicas en las que da el visto bueno para comprar acciones a precio de huevo.
Pero no deja cabida a nada. Elude, porque nunca se define. Le pasa con los temas de derechos humanos, como el de las minorías sexuales y su derecho a participación en una sociedad moderna.
Se pilla cada vez que abre la boca. Le preguntan por los libros y quiere ser el patrón de fundo de la cultura. Quiere que le preguntemos a él qué es bueno o malo leer.
Debe ser que cuando le preguntan por libros, Piñera sólo piensa en uno: en el libro de ingresos donde se apuntan las utilidades de sus empresas. Las empresas de las que no quiere desprenderse ni a palos.
Es poco claro. Dice que intuye los delitos, como el de la colusión en las farmacias. Quizá fue esa intuición la que le permitió apretar cachete el año 82, cuando el juez Correa Bulo ordenó su arresto por robarse el Banco de Talca, delito que no usa como ejemplo a la hora de atacar y poner su copiado discurso de la "puerta giratoria".
Comentarios
hace 2 semanas
hace 1 mes
hace 2 meses
hace 2 meses
hace 5 meses