Cuando le hablan de información privilegiada, se hace el loco. Le suena el teléfono y comienza a preocuparse. Puede ser que la Evelyn le esté devolviendo la mano por lo de la Kioto, y ahora es ella quien le pincha el teléfono para grabar sus instrucciones telefónicas en las que da el visto bueno para comprar acciones a precio de huevo.
Pero no deja cabida a nada. Elude, porque nunca se define. Le pasa con los temas de derechos humanos, como el de las minorías sexuales y su derecho a participación en una sociedad moderna.
Se pilla cada vez que
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